De bordados, telas e hilos. Textiles indígenas: un lenguaje textil actual

Nuevas tendencias, nuevos materiales y mensajes qué comunicar a través de los textiles son un lugar común para las nuevas sociedades; la ropa se convierte en una manera de decir quiénes y cómo somos, de contar un poco de nosotros y de nuestro contexto. Cada persona adquiere y porta a través de su vida cientos de prendas que cambian y se transforman según la época y por lo tanto la moda, la edad, el clima y el lugar geográfico.

 

 

Cuando pensamos en textiles indígenas nuestra mente inmediatamente tiende a aislarlos de estos factores antes mencionados, por alguna razón (casi siempre  ignorancia o discriminación) los vemos como un conjunto de objetos que pertenece a otro mundo o a otra dimensión inamovible, con reglas y costumbres distintas a las de nuestra propia sociedad. Estos objetos son pensados como referencias casi sagradas de mundos pasados que nos cuentan orígenes y cosmogonías ancestrales y por lo tanto lejanas; historias de personas que no cambian ni se transforman, como si estas sociedades se hubieran quedado encapsuladas en el tiempo y el espacio. Pero debemos reflexionar acerca de esto: ¿Es que acaso estas comunidades dejaron de bordar, tejer o coser? ¿Qué pasa con todos esos hermosos y llamativos trajes originales que muchas personas aún portan?, ¿sus formas, colores, materiales y mensajes se quedaron atrapados en el tiempo? ¿Son objetos estáticos que solo funcionan como referencias al pasado? Tratemos de contestar estas preguntas.

 

 

En primer lugar, sabemos que dichas comunidades siguen bordando, tejiendo y cosiendo. La vida de sus textiles sigue teniendo vigencia por que día con día aparecen nuevas prendas y son utilizadas respondiendo a los gustos y circunstancias actuales de quienes las utilizan. Ahora, los trajes originales que pertenecen a cada comunidad se han modificado. Lo que observamos son prendas que han tenido que adaptarse a distintas necesidades y formas de pensar. Las prendas de cada comunidad se han convertido en contenedores de distintos tipos de información. Por un lado, se pueden observar ciertas constantes que contienen antiguos lenguajes textiles: relaciones de formas y colores que sí guardan el pensamiento y  las formas de vida relacionadas con el origen y manera de vivir de las antiguas sociedades pero (y esto me parece lo más importante) por el otro, existen nuevas imágenes y motivos con referencias muy distintas y distantes al origen de una comunidad, referencias a un modus vivendi completamente actual y que se hacen parte de la tradición textil lo que, a mi parecer, hace mucho más complejo e interesante el  lenguaje de cada prenda.

 

En segundo lugar, los colores, materiales y  motivos utilizados por cualquier comunidad indígena se han modificado debido a una razón muy obvia, las tecnologías en el ámbito textil; para todos es mucho más fácil y barato conseguir un hilo o una tela sintética que seguir obteniendo e hilando la lana de los animales que además,  muchas de estas familias ya no poseen. Al modificarse las actividades productivas también se modificaron las formas en que estas comunidades crean y producen sus objetos,  pero que los hilos y telas se adquieran de una forma distinta a como lo hacían sus antepasados no quiere decir que tengan un valor menor o que no contengan mensajes tan complejos como los anteriores; a esto Leroi Jones llama, casi poéticamente, «la mismidad cambiante»[1], es decir, aquello que a pesar de tener constantes, muestra cambios evidentes. Durante uno de mis viajes a una comunidad mazahua de Ixtlahuaca, me encontré un ejemplo de estas nuevas maneras de pensar y crear textiles, donde las mujeres intercambiaban patrones para bordar fotocopiando sus propias muestras de bordado: ponían dentro de la fotocopiadora sus telas bordadas, sacaban varias copias y luego las vendían por 5 pesos en el zócalo de la comunidad, como si fueran revistas con patrones para copiar, las cuales, por cierto, también se vendían junto con las fotocopias.

 

Cada textil tiene un dinamismo creativo, es decir un lenguaje que se mueve, que florece, que se transforma y va cambiando con el tiempo, además de crear un lenguaje que se actualiza a la par que el ser humano que lo porta. Por todo esto, propongo que pensemos en los nuevos textiles indígenas como el resultado de un hombre contemporáneo que utiliza las últimas tendencias y que busca, al igual que cualquiera, que sus prendas digan algo acerca de sí mismo: estatus, identidad, modus vivendi, ideología, etcétera.

 

 

 

 

[1] Véase Sally Price, «Siempre algo nuevo: Modas cambiantes en una cultura tradicional» en Creatividad Invisible. Mujeres y arte popular en América Latina y el Caribe UNAM Programa Universitario de Estudios de Género, México 2004, pág. 30

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